Ya va a hacer un año que llegó el pequeño Asier, la alegría de la casa, el 18 de Junio será.

Estoy intentando leer «Las moradas» de Santa Teresa de Ávila. Es hermoso aunque denso. La santa compara el alma a un castillo, hecho de diamante y en donde hay moradas de siete tipos. En la séptima morada ya sería el encuentro absoluto con Dios, su Majestad, como ella le llama. En la primera y segunda moradas aun están muy cerca las alimañas y demonios acechando. La llave que va abriendo las moradas, cada vez más ineriores, es la oración. De alguna forma, las moradas del alma guardan simetría o parecido con las moradas que hay en el Cielo ya que, aunque la criatura no puede comparase a su Creador, Él nos hizo a su imagen y semejanaza. Seguiré intentando comprender el libro. La primera vez que lo intenté fue en 1993, en plena búsqueda interior, hace unos 26 años.