
En este mes de Noviembre, en el que la Iglesia celebra el mes de todos los Santos y de todos los difuntos, siempre me ha parecido que la Comunión de los Santos, es decir, la comunicación entre la Iglesia Militante y la Iglesia Triunfante y la Purgante, o lo que es lo mismo, entre vivos y muertos, se realiza con mayor frecuencia aún.
A mí, en sueños, este mes de Noviembre de 2014, ha venido a verme mi madre, Mª Asunción García Ramos, fallecida el 15-01-2011, al menos dos veces.
En la primera ocasión, por fin, vino, ya indignada por el tema del local comercial, el tema de la pizzería usurpada por el malvado Pedraza y razonó, con toda evidencia, ante una especie de fiscal lo injusta que era aquella situación y le explicó, con toda claridad que era imposible que ella, con mas de 80 años de edad y enferma, firmara ningún contrato por mas de diez años y menos, reconociendo nuinguna deuda, que ella, además, no tenía. El fiscal, (¿humano o celestial?), quedó convencido de lo que ella decía. Eso me dió fuerzas, una vez despierto, para pedir entrevista con la juez del caso, terrena y mundana, por supuesto, entrevista que, por fin, me fue concedida, y, aparentemente ha servido para desbloquear el asunto que vuelve a marchar despues de meses de estar parado.
Una segunda vez volvió y conversábamos los tres, mi madre, mi padre de 93 años, aun vivo, y yo. Cuando, en sueños, me di cuenta de lo irreal de la situación, cosa que, a veces, me ocurre, le dije a mi madre que como era posible que estuviéramos hablando los tres, si mi padre estaba vivo y ella estaba muerta. Mi madre me contestó con cara de estar diciendo algo obvio: «En realidad, no hay tanta diferencia entre estar vivo o estar muerto». A mí, en sueños, me pareció esta respuesta como algo de bastante sentido común. Pensé, así es, en realidad, la única diferencia puede estar en la «materia» y yo he leido que según la Física Cuántica, la materia no es mas que producto de nuestra mente, con lo cual, me pareció evidente que las personas existen al margen de que tengan o no un cuerpo cuando los que lo tenemos, estamos despiertos. Mas que un razonamiento, lo sentí con toda claridad. Mi madre era tan real como mi padre en aquel sueño, en «esa vida», onírica por llamarle de alguna manera, y, aunque horas mas tarde, cuando despertara, (¿o cuando me durmiera en un sueño en el que soñaba que ahora sí era «real»?), ya hiciera la distinción entre vivos y muertos, tal vez esa diferenciación fuera falsa.
Me gustó mucho esa frase de mi madre, tanto que da título a este escrito. Dios la iluminó en ese momento, estoy seguro, para intentar, a su vez, darme luz, reflejo de la suya en estos temas. Amén.