Aquí, a 30 de diciembre, ya esperando el nuevo año.
Leyendo libros de política y sociología y cada vez un poco más conservador.
Creo en la democracia, sin dudas. Considero que, aunque el pueblo no sea siempre sabio, es preferible siempre que a los gobernantes los elija la mayoría en sufragio libre y universal. Lo tengo como dogma casi ese principio.
Dicho esto, no me gustan el populismo ni la demagogia.
No me gustan ni los fascismos de derechas ni los comunismos.
Para nada, los caudillos de ningún tipo.
Aunque me siento un poco libertario, desconfío ya del anarquismo porque puede ser la antesala de dictaduras monstruosas.
Pienso que la sociedad siempre será imperfecta y sólo podemos aspirar a sociedades razonablemente organizadas y tolerantes que permitan vivir con cierta holgura a las personas. El poder del Estado debe ser controlado con contrapesos diversos. Me molesta un control excesivo, sólo el necesario para asegurar los derechos de las personas y proteger a la sociedad de enfermos mentales, asesinos, ladrones, violadores y gente asocial de todo tipo.
Cada vez que en la Tierra se han intentado construir paraísos, (pensemos en las utopías de los siglos XIX y XX), se han engendrado auténticos infiernos, (Gulasch soviéticos, campos de concentración nazis, el terror en la Comuna de París y hasta en la Revolución Francesa con la famosa guillotina, etc).
Sólo podremos aspirar a cambios graduales y pacíficos, pensando bién cualquier paso y aplicando el sentido común y la prudencia.
Así sea.