Aquí estoy, en vísperas de mañana, miércoles 20 de Octubre, en que se trasladarán, si Dios quiere, a las 9 y cuarto de la mañana, los restos de mi bendita madre del nicho nuestro a la Capilla nuestra. No es nada agradable ni alegre pero alguien tiene que estar y, como siempre, me toca a mí.
Pedí esto desde Julio, entre otras cosas, porque mi padre flojeaba y prefería que, si le tocaba antes que a mí, depositarlo ya en el nicho en propiedad. Pero no pudo ser. El día de mi cumpleaños, el 16 de Agosto, partió. No sé si San Roque, gran protector mío junto con la Santísima Virgen, intercedió ante el Señor para que mi padre descansara ya y no sufriera más ya que los últimos días fueron angustiosos para él y también para mí. El pobre no se mantenía en pie, era preciso que estuviéramos dos personas para levantarlo y acostarlo y se hacía las necesidades encima.
Yo tengo la conciencia tranquila porque fuí yo el que pudo atenderlo más hasta el final. Desde el seis de agosto que hubo que ingresarlo 48 horas en el Negrín hasta el 13 que entró en la residencia Ballesol mi presencia ya fue practicamente contínua con él, incluso poniéndole una señora, Alicia, las 24 horas. Por supuesto que fui yo el que pudo encargarse de todas las gestiones para que tuviera un sepelio digno y cristiano, tanatorio, entierro, funeral, etc. Ya en los últimos años, el que le atendió más de la familia fui yo, compras de ropa, comida, médicos, etc. Mis hermanos también son, y fueron siempre, excelentes hijos pero, debido a circunstancias de lejanía o personales, no por mala voluntad ni mucho menos, no pudieron dedicarle mucho tiempo en los años finales y me tocó sobre todo a mí, que, gracias a Dios, pude hacerlo. Dios lo tenga en su Gloria.
Ahora, aun arreglando papeles, cerificado de defunción, últimas voluntades, testamento, etc.
Hablemos de otra cosa.
El amor de mi vida sigue siendo Asier. Le doy gracias al Cielo por tenerlo. Una bendición mi niño lindo.