Mi abuela María Ramos

Quiero relatar un sueño que tuve con mi abuela materna, María Ramos, la noche del pasado sábado 14, (Día de la exaltación de la Cruz) al domingo 15, (día de Ntra. Sra. de los Dolores).

Dormía con mi adorado nieto Asier, de 14 meses en la misma cama, la mía, porque su madre salió esa noche con una amiga para Teror. Esa noche reinó  el abuelismo.

Salía yo de un hermoso templo por la puerta derecha, (era un templo muy hermoso, con tres puertas, que me recordaba algo a la Basílica de Teror pero blanco y muy luminoso y me pareció de cristal),  cuando la vi que se disponía a entrar por la misma puerta. Era ella, rejuvenecida. Me dirigí a mi abuela, muy emocionado y le agradecí la fe que me había transmitido y la medalla del Carmen que me regaló y que yo nunca me he atrevido a salir a la calle sin ella desde hace muchos años, (tal vez unos 40). Le dije que no se si ella sabía que yo pertenecía actualmente a la Legión de María y que mi agradecimiento es infinito por ayudarme tanto para tener fe en Jesucristo y su Iglesia, que siempre he pensado que mi fe se la debo a ella en gran parte. Ella me miró complacida y sonriente y me dijo, “Muy bien, mi niño” y con un cariño enorme, me tiró un beso y entró en ese templo.

Hasta ahí el sueño. Las interpretaciones pueden ser varias. Hasta la más prosaica que sería el afirmar que en el sueño sólo se materializó el deseo mío de agradecerle a mi abuela la semilla de fe que plantó en mi hasta el pensar, (es lo que yo creo), que Dios permitió esa noche una comunicación real aunque espiritual  entre mi abuela y yo y que vernos a la entrada de ese luminoso templo indica que tanto ella como yo pertenecemos a la misma Iglesia de Cristo, la Iglesia Católica, yo a la Iglesia Militante en la Tierra y ella, (espero y estoy seguro), a la Iglesia Triunfante del Cielo pero todos adoramos a Dios. En todo caso, gracias, Dios mío, Padre bueno del Cielo, por ese hermoso sueño y por darme tantas cosas buenas en la vida, entre ellas mi abuela María Ramos y ahora mi nieto Asier.

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